Nuevamente nuestro amigo Juan Bautista Alberdinangus nos deleita con la mejor carne al asador, usando de leña los manuales de Derecho. Bueno, lo de la mejor carne es subjetivo.
LADRAN SANCHO…
*Por Juan Bautista Alberdinangus.
Hola, hola… ¿cómo están?
- Che, Alberdinangus… ¿es cierto que ahora son operadores?, me preguntó ese amigo siempre filoso que tengo.
- ¿Operadores de qué?
- No sé, eso dijeron en una audiencia.
Me quedé pensando. Miré para un lado, miré para el otro, revisé el escritorio, abrí un cajón, busqué debajo del teclado. Nada. Ni un manual del operador, ni un instructivo, ni una credencial, ni un sueldo clandestino, ni un contrato secreto. Apenas encontré un mate lavado, expedientes y algunas facturas impagas.
Parece que, de un día para el otro, revelar situaciones, contar verdades y poner sobre la mesa hechos que algunos -o muchos- preferirían mantener ocultos pasó a ser sinónimo de «operar». Una categoría novedosa, digna de estudio.
Ahora resulta que, si un medio publica información incómoda, formula las preguntas que nadie se anima a hacer o investiga aquello que otros quisieran mantener bajo siete llaves, deja automáticamente de ser un medio de comunicación para convertirse, por arte de magia, en un «operador».

Curiosa teoría. Porque, siguiendo esa lógica, el problema nunca sería lo que se publica, sino que se publique.
Exámenes psicológicos obligatorios
La acusación, formulada en una audiencia pública, fue que este medio hostigaba mediáticamente a una Fiscal Jefe, que pretendía desprestigiarla y que, además, lo hacía para favorecer a un imputado.

Confesamos nuestra enorme decepción. Esperábamos, al menos, que semejante afirmación viniera acompañada de una sola prueba. Una. Un correo electrónico. Un mensaje. Una llamada. Un testigo. Un documento. Una gestión. Un pedido. Algo.
Pero no. Nada.

Porque una cosa es sostener una hipótesis en una sobremesa. Otra muy distinta es afirmarla en una audiencia judicial. Y cuando se trata de atribuirle a un medio una maniobra destinada a beneficiar a un imputado, las palabras pesan. Mucho.
Nuestro trabajo está a la vista. Publicamos documentos. Resoluciones. Expedientes. Datos verificables. Firmamos lo que escribimos y respondemos por ello. Quien considere que alguna publicación es falsa tiene todas las herramientas legales para matarnos.
En CHUBUT ONLINE tenemos nuestros defectos. Es verdad: a Magnetto no le encanta que lo critiquen. Refunfuña un poco, protesta otro tanto y, con suerte, hasta pide derecho a réplica. Pero de ahí a salir diciendo que quien lo critica integra una oscura organización destinada a favorecer delincuentes, hay un trecho bastante largo.
Podemos convivir con que nuestras publicaciones no gusten. Es más, sospecharíamos de nuestro trabajo si siempre despertara aplausos. También entendemos que una investigación periodística pueda incomodar, irritar o sacar de quicio a algún funcionario. Es parte del oficio.

Lo que ya cuesta bastante más aceptar es que, sin una sola prueba, se nos atribuyan intenciones, pactos, intereses ocultos o acuerdos imaginarios. Porque una cosa es discrepar con una publicación; otra muy distinta es fabricar una novela donde el periodismo deja de investigar para convertirse, por decreto verbal, en una especie de comando secreto al servicio de un imputado.
- “En realidad no hay nada de nuevo, Alberdinangus, siguió diciéndome mi amigo”. – Si hasta se fabricó una novela de su ex y de otras circunstancias….
Dejémoslo ahí, mejor… No porque falten cosas para decir, sino porque nosotros preferimos hablar de lo que puede probarse. Para las novelas ya existen las librerías.

Eso sí… viendo que hoy cualquier nota en un portal o de un pasquín como éste puede transformarse, por obra y gracia de la imaginación, en una sofisticada operación de prensa, uno se pregunta si determinados cargos de enorme responsabilidad no deberían contar, cada tanto, con alguna instancia de evaluación psicológica. No para controlar ideas, claro está. Sino para verificar que quien ejerce semejante poder conserve la indispensable capacidad de distinguir entre una crítica, una investigación periodística y una conspiración internacional. O también para verificar si está realmente en sus cabales, por qué no…. Al fin y al cabo, cuanto mayor es la cuota de poder que el Estado deposita en un funcionario, mayor debería ser la exigencia respecto de su aptitud para ejercerlo con objetividad, equilibrio y templanza. Porque, si esa capacidad se resiente, los primeros perjudicados no son los periodistas, sino los propios ciudadanos, cuyos derechos dependen, precisamente, del buen criterio de quienes deben protegerlos.
Pero hay más…
—Pero hay más…
—¿Más? —me preguntó, otra vez, mi amigo, ya con esa mezcla de curiosidad y resignación que da saber que, en estos pagos, siempre hay un capítulo nuevo.
—Y sí… Apenas tiramos de la puntita del ovillo y la madeja empezó a desenredarse sola. Y, como suele ocurrir con las madejas, cuanto más hilo aparece, más difícil resulta volver a esconderlo.
Nos llamaron de todas partes para brindarnos información. Es cierto. Pero lo más impactante es que apareció un pajarito y me dijo que en el pueblo andan circulando versiones de todo tipo y color. Por ejemplo, me indicó que la maniobra realizada habría sido para separar al juez de la causa y lograr incorporar a otro que tiene problemas con su cargo… y donde la fiscal jefe tendría un poder importante para subir o bajar el pulgar. También que, en el ámbito de la Fiscalía, una vez se habría entregado una camioneta para que no se investigaran hechos referidos a un geriátrico (todavía Magnetto lo está investigando así que no puedo afirmar si es verdadero o falso)… O que un concurso que está en trámite ya tendría número puesto… que esto sería tan obvio y descarado que ni siquiera habrían dejado intervenir al sindicato, pese a que uno de sus representantes -de esos escasos representantes gremiales que todavía se toman en serio ese trabajo y no lo usan para su propio beneficio- lo habría advertido y habría pedido intervenir….
Una cuñada de alguien…. Una persona vinculada a flores… En fin: dejémonos de pamplinas!!!! Como en CHUBUT ONLINE nos gustan los desafíos, hicimos algo muy simple. Escribimos los nombres en un papel. Lo colocamos en un sobre. Lo cerramos. Y lo dejamos depositado en una escribanía, para que quede constancia de la fecha. No diremos ahora cuál o cuáles son esos nombres. Cuando el concurso termine, abriremos el sobre.

Si acertamos, habrá sido una casualidad extraordinaria.
Y si no fue casualidad… entonces habrá preguntas que alguien tendrá que responder.
Un fenómeno fascinante.
En nuestra querida aldea existe una curiosa costumbre. Mientras todo funciona más o menos para unos pocos, reina una paz casi celestial. Pero basta tocar un privilegio, revisar un expediente o preguntar dónde fue a parar determinada decisión para que aparezca una orquesta completa de indignados profesionales.
Es un fenómeno fascinante.
Dicen que cuando los perros ladran es porque alguien pasa. Aunque los especialistas en literatura llevan años aclarando que la famosa frase ni siquiera aparece en Don Quijote, lo cierto es que se adoptó como si fuera un artículo en la Constitución.

Y vaya si ladran…
Ladran los ofendidos de ocasión. Ladran los que descubrieron la moral hace dos semanas. Ladran los que durante años guardaron un silencio monástico mientras todo se derrumbaba (menos sus sueldos y sus privilegios), pero hoy se escandalizan porque alguien les prendió la luz.
- ¿Y por qué ladran tanto, Alberdinangus? – me preguntó ahora otro amigo, ese que colecciona preguntas incómodas como otros coleccionan monedas o estampillas.
- -Porque a veces el objetivo no es tener razón, sino generar suficiente humo para que nadie mire el incendio verdadero – le contesté.

Mientras tanto, la realidad sigue su curso, completamente indiferente a los ladridos. Los problemas de siempre continúan esperando soluciones de verdad.
Al final, quizás el viejo refrán popular tenga algo de cierto. Cuando algunos ladran desesperadamente, no siempre significa que tengan razón. Muchas veces significa, simplemente, que alguien pasó demasiado cerca de donde estaban cómodamente instalados.
Nosotros, por las dudas, vamos a seguir pasando.
Y si para algunos eso significa «ladrar», quédense tranquilos:
Seguiremos ladrando.
Hasta la próxima (si todavía estamos… y si los ladridos lo permiten)

































