La justicia de Chubut obliga a SEROS, en crisis económica, a pagar un tratamiento de fertilización de alta complejidad sin urgencia vital. Un fallo que puede dejar sin atención a miles.
*Opinión
Un fallo suntuario que condena a miles de afiliados
La Cámara de Apelaciones de Trelew acaba de dictar una sentencia que, envuelta en un manto de supuesta igualdad reproductiva, esconde una irresponsabilidad mayúscula. Obligar a SEROS —la obra social provincial del Chubut, que navega en aguas económicas más que turbulentas— a desembolsar una fortuna en un tratamiento de fertilización asistida de altísima complejidad, sin que medie urgencia ni riesgo de vida, es un acto de desconexión absoluta con la realidad.
No sólo se pretende financiar un hecho artificial, antinatural, de una pareja de lesbianas que pretende quedar embarazada con sus propias pretensiones de intercambios de óvulos, sino que se trata de una obra social que ya arrastra dificultades para atender la salud cotidiana de decenas de miles de afiliados. Cada peso que se destina a un procedimiento multimillonario, electivo y planificable —como es el método ROPA— es un peso que deja de ir a consultas, cirugías, medicamentos crónicos o prótesis para adultos mayores. La justicia, con su habitual desparpajo, vuelve a fallar como si el dinero brotara de los árboles.
Los argumentos del tribunal suenan progresistas y bienintencionados: interpretación amplia, dinámica e inclusiva de la ley, acompañamiento a los avances científicos, igualdad reproductiva. Pero lo que no dicen es que esa misma vara no se aplica cuando se trata de garantizar una ambulancia para un paciente en una zona rural, o insulina para un diabético. Ahí, el sistema cruje y la justicia brilla por su ausencia.
Tampoco existe lo llamado «igualdad reproductiva», sino un experimento en laboratorio para hacer que dos personas que la naturaleza no las diseñó para reproducirse entre sí, engendren un niño que no tendrá padre.
El fallo, además, impone cobertura de medicación, estudios, criopreservación de embriones y hasta tres intentos por año. En un contexto donde SEROS ya ha debido renegociar deudas y ajustar prestaciones, este tipo de decisiones no es un gesto de humanidad: es un tiro en el pie de la salud pública provincial.
¿Qué ocurrirá cuando miles de afiliados no puedan atenderse porque los fondos se esfumaron en tratamientos de fertilización de altísimo costo para engendrar un hijo que la naturaleza no permitió? ¿Quién asume esa responsabilidad? Seguramente, los mismos jueces no.
¿Si mañana todas las parejas de lesbianas tienen la misma pretensión, entonces, dejará de existir la obra social?
¿Y si en el futuro dos hombres homosexuales quieren implantarse un útero también lo tendrá que cubrir SEROS?
No se trata de discriminar a nadie. Se trata de priorizar. Y en salud, la prioridad es siempre la urgencia, la necesidad vital, el riesgo inminente. Una pareja que desea tener un hijo mediante un método ROPA tiene todo el derecho del mundo a intentarlo, pero no a costa de que otros se queden sin atención. El estado de las arcas de SEROS es un hecho notorio: cualquier fallo que ignore esa realidad es, por definición, irracional y desmedido.
¿En qué cabeza cabe que el estado o una obra social tenga que hacerse cargo de tratamientos artificiales de este tipo? Un embarazo de lesbianas que intercambian un óvulo no es una asistencia reproductiva, es un experimento de laboratorio basado en el capricho antinatural de dos personas, y por lo tanto, no existe explicación racional alguna por la cual una obra social tenga que abonarlo con la plata de sus afiliados.
Este es un caso más de una judicatura que juega a ser Dios con el dinero ajeno. Fallan bonito, fallan con supuesta «perspectiva de género», fallan con discursos progresistas, pero fallan sin mirar la caja. Y mientras tanto, los afiliados de a pie, esos que necesitan una simple consulta cardiológica o un estudio oncológico, seguirán esperando. Porque la justicia, en su afán por quedar bien con sectores puntuales, no duda en hipotecar la salud del resto.
Ojalá los recursos de SEROS no se agoten. Pero si eso ocurre, que se sepa: no fue la crisis, fue un fallo.
























