En este capítulo, Juan Bautista Alberdinangus viene a ilustrarnos sobre cómo se imparte justicia en esta bendita provincia. Hoy les presentamos «División Palermo», en versión cordillerana.
Que la disfruten…
DIVISION PALERMO
*Por Juan Bautista Alberdinangus.
Hola, hola!!!! ¿Cómo están?. Bueno… terminó la feria judicial. O, mejor dicho, terminó esa especie de temporada de hibernación institucional donde algunos parecieron aprovechar el frío para meterse debajo de la frazada y esperar que determinadas cosas se enfriaran.
Pero no. Pasó exactamente lo contrario.
Los hechos empezaron a entrar como una avalancha. Uno atrás de otro. Y algunos fueron directamente escandalosos. Porque si algo tuvo esta feria judicial fue eso: escándalos… y de los muuuuy graves.
La denuncia de las “perseguidas”
Bueno. Acá aparece otro de esos capítulos que, si uno los cuenta sin documentos, parece que se los está inventando.
Pero no. Está todo escrito. O, mejor dicho, mal escrito.
Resulta que el tema de las fiscales enojadas terminó escalando a tal punto que se vieron obligadas a actuar para no quedar en off side, aunque, para ser sinceros, ya estaban en off side hacía rato.
Y así apareció una denuncia por supuesto hostigamiento contra varias personas de esta aldea y —ooooooohhhhh— contra este pobre portal periodístico que, según ellas, no lo lee nadie, pero que, vaya paradoja, parece estar en boca de toda la provincia y tuvo más de un cuarto de millón de visitas por estos temas.

Nos acusaron de realizar una sistemática, coordinada y violenta campaña de hostigamiento, presiones indebidas, discurso de odio, operaciones judiciales, amedrentamiento mediático, desprestigio público, etcétera, etcétera y ya no recuerdo cuántas boludeces más…
Etcétera.
Dejémoslo ahí porque, si seguimos, no terminamos más. La estupidez no conoce límites.
La verdad es que, leyendo semejante catálogo de delitos, uno no sabe si está frente a una denuncia judicial, ante una conspiración internacional o ante el colmo de lo bizarro. Esto último, sería lo más acertado.
Y claro… Ante semejante despliegue, uno se pregunta: ¿Pero qué hicimos además de investigar y publicar los resultados?

Porque si hacer periodismo crítico ahora es hostigamiento, habrá que avisarle a medio país, que no publiquen las miles de notas hechas sobre Menem, De la Rúa, los kirchos, los motosierristas y cuanto ser haya al que le han puesto la mira por mucho tiempo.
Cosa curiosa: este pobre portal terminó siendo “sospechoso” de investigar a la Justicia. Entendemos que no estén acostumbrados a este tipo de periodismo inexistente en la provincia… pero de ahí a constituir un delito… hmmm…
Paralelamente, también pasó, que la hipocresía de Fopea y de la APDH brilló gracias a su ausencia, en un silencio delator; porque si no sos “del palo”, ningún derecho existe. Igualmente, a Magnetto parece haberle chupado un huevo; ni los registra. “Los que no se juegan por nada, no son periodistas, son limosneros”, dice.
Los números de la incompetencia.
Pero, bueno, con copia de la denuncia en mano, ahora entiendo todo. Ahora entiendo por qué Magnetto estaba tan preocupado la última vez que lo vi: Tenía una calculadora en la mano, haciendo cuentas y más cuentas. Pensé que estaba tratando de determinar cuántos años de cárcel se iba a chupar si prosperaba la denuncia, pero no, estaba tratando de entender las cuentas de las perseguidas.
Es que, en su denuncia, las Guinness en acusar delitos inexistentes dijeron que, de 39 de nuestras publicaciones, 14 eran para defenestrarlas… por ende… el “55%” de las notas estaban en su contra… ¿Leyó bien? Relea los números y saque cuentas… Y no sólo lo escribieron y firmaron en la denuncia, sino que también, una lo afirmó tajante y alegremente en los medios. Las quejosas ni siquiera saben sacar cuentas básicas y simples. Así actúan y así acusan. ¡Pobre justicia!

Quizás los cálculos se los hizo un cónyuge numerólogo al cual los números parecen darle mucho más altos de lo que realmente merecen. Al menos así, justificaron el pago multimillonario por “honorarios” que el susodicho habría cobrado en especias (un vehículo casi 0km) de un geriátrico de “mala muerte”, literalmente hablando.
¡¡¡No vayan a pensar que el lamentable depósito de ancianos abichado le dio el auto para garantizarse impunidad!!! ¡¡¡Por favor!!! Eso sólo puede ocurrírsele, paradójicamente, a las propias perseguidas, que también lo firmaron de puño y letra en la denuncia. ¿Contradictorio? ¡Pero, claro! ¡Si es su deporte favorito!

Al percatarme de las cuentas, la gota rebalsó el vaso, la jarra, la bañadera y la pileta, y no sé por qué me vino a la mente la serie argentina de Netflix llamada “División Palermo”; basada en un grupo de personas de “eficiencia cuestionable” que conformaban un supuesto grupo de “Elite” para garantizar el orden social. Y esa fuerza estaba integrada por tipos que no evidenciaban talentos destacables, inseguros, algún que otro fracasado o resentido, y que, por lo general, terminan metidos en simples problemas cotidianos que superan ampliamente su capacidad de respuesta. Lógicamente, nada de eso se encuentra en la vida real, ni en forma semejante, ¿no?… Perdón, fue sólo un lapsus de mi imaginación.
“Me dijo que le dijeron”
Y acá viene otra pequeña joyita de esta denuncia. Porque si uno espera encontrar pruebas, documentos, mensajes, registros, llamadas, capturas o alguna evidencia que permita sostener semejante andanada de acusaciones, puede esperar sentado. La denuncia parece construida sobre una metodología bastante más sencilla: “Me dijo que le dijeron”. Y listo. Todo, al peor estilo del personaje “Johnny English”, de Rowan Atkinson.

Una especie de novela de sobremesa, pero sin libreto, sin director y —lo más importante— sin una sola prueba que permita saber dónde termina el relato y dónde empieza la imaginación.
Uno contó algo. Otro escuchó algo. Alguien habría dicho que alguien le había comentado. Y de ahí, aparentemente, salió una insólita trama de hostigamiento, presiones, operaciones, amedrentamientos y vaya a saber cuántas cosas más. Mensajes amenazantes de números que nunca aparecieron y llantos para la tribuna… Ni Andrea del Boca se atrevió a tanto.
Todo muy serio. Todo muy institucional. Chorizo con caviar.
Claro, lo hicieron de esa manera porque siempre trabajarían así. O, por lo menos, eso es lo que me dijo Lanata, ya que le están lloviendo informaciones y datos de cómo actuarían las perseguidas que lo han dejado más que perplejo.
—Esto es el comienzo —me indicó Lanata—. Vas a ver todo lo que va a aparecer. Esto recién empieza.
Y ahí está el problema. Cuando todo se maneja en ese nivel, uno termina creyendo que todo funciona igual y que todo está bien: que los datos son decorativos, que la precisión es un lujo innecesario y que, en definitiva, se puede escribir, decir y hacer cualquier cosa y después que Dios reparta las responsabilidades.
¿No me cree?
—Je, je —se rio ese amigo siempre sarcástico que tengo—. Mejor que sigan protegidas por el de arriba y blindadas por ese coro estable de secuaces, alcahuetes y colegas que tienen. Porque si la tortilla se da vuelta, como todo parece indicar, no van a conseguir trabajo ni en el SEM.
Y hablando de blindaje….
Y hablando de blindaje… Ni bien metieron la denuncia, como por arte de magia, empezaron a aparecer algunos escudos protectores. Uno detrás de otro. De manual.
Un par de instituciones, un par de medios (uno fuertemente denunciado), unos cuasi periodistas, asociaciones, y vaya a saber cuántos amigos preocupados por la suerte de las denunciantes, todos dispuestos a salir rápidamente en defensa de una historia que, hasta ese momento, todavía tenía bastante más relato que sustento.
Primero apareció el seudo periodi$ta mercenario. Bueno… “mercenario” es una manera de decir. Digamos que es un parlanchín radial de baja estirpe, particularmente entusiasta cuando se trata de defender a determinadas personas. Y, casualmente, muy amigo de una de ellas.
¿Amigo solamente? No sabemos. Y tampoco queremos ser mal pensados.
Después apareció un medio provincial. También muy preocupado. Aunque, claro, uno nunca sabe si la preocupación viene por la denuncia o por otros intereses que pueden andar dando vueltas por ahí… quizás algunas vueltas por vueltos que quisieran que tengan otro destino. No creas en la renguera de un perro ni en las lágrimas de una mujer decía el Martín Fierro… o algo así. Peor cuando la mujer le da de comer al perro.
Y, luego, cuando parecía que la cosa ya estaba suficientemente blindada, aparecieron los institucionales…
La Asociación de Emperadores y el Colegio de Caranchos
Por favor chicos!!!!! No sean tan obvios!!!!
¿Vieron? Cuando aparecen los emperadores y los caranchos a custodiar la puerta, uno empieza a sospechar que adentro hay algo que no quieren que nadie toque; no sea que se caigan lobbies o privilegios.
La Asociación de Emperadores, por ejemplo, parece que aprovechó la oportunidad. Y no solamente para pedir una investigación “urgente y exhaustiva” sobre los hechos denunciados, dando por buena —al menos en el tono de su comunicado— toda la historia antes de que alguien termine de investigar qué pasó. No. También aprovechó para hacer lo que mejor sabe hacer cuando encuentra una oportunidad: pegarle a los Supremos y al de Fontana 50.
Porque, según dijeron, “desde hace tiempo venimos advirtiendo acerca del progresivo deterioro institucional que atraviesa nuestra provincia”.
Y ahí arrancó el repertorio: debilitamiento de las garantías; pérdida de independencia judicial; autonomía funcional del Ministerio Público; pérdida de confianza ciudadana; principios republicanos, bla, bla, bla… sin mirarse en el espejo, claro está.
Todo muy grave. Todo muy institucional. Todo muy solemne.

Uno lee el comunicado y por un momento piensa que no está frente a una denuncia por supuesto hostigamiento, sino frente al informe anual sobre el apocalipsis institucional de Chubut. Sin mea culpa, lógicamente.
Pero apareció la oportunidad, y las oportunidades no se pierden, aunque la propia Gran Emperadora haya dicho entre los suyos que no era fácil el pronunciamiento, porque desconocía los hechos y la prueba… ¿What?
¡Chan!!! Chan!!! Chan!!! Y lluvia de Chanes…
Sí, desconocía los hechos y la prueba, pero igual pidió una investigación urgente y exhaustiva. Es decir: no sabía qué había pasado, no conocía las pruebas, pero ya sabía que había que investigar urgentemente y crucificar a los denunciados!!!!!
Qué maravilla!!!. La inquisición un poroto!!!!!!!

Parecía un discurso para el público de Susana Giménez y Roberto Galán, más que para profesionales del Derecho. Hasta José De Zer tenía la viveza de al menos inventar alguna prueba creíble para determinado público.
Pero, bueno, es que, en la División Palermo, las conclusiones llegan antes que las pruebas. Y después nos preguntamos por qué estamos como estamos.
Pero ahora tenemos que detenernos en la Gran Emperadora. ¿Qué motivó realmente a la Gran Emperadora para hacer semejante acting? Esa es la pregunta del millón.
La respuesta, por lo menos en parte, nos llegó a Chubut Online. Y ya la estamos investigando. Porque habría, por lo menos, dos motivos que podrían explicar semejante entusiasmo de la Gran Emperadora.
El primero es que estaría enfurecida por lo que le pasó al Emperador -que ya no ocupa su trono- y que se lo atribuiría a este medio. Según la información que llegó, lo estaría ayudando bajo las sombras, junto con una camarista jubilada, brindándole toda la ayuda necesaria para que pueda zafar de su bochornosa situación. Todo esto, por supuesto, es materia de investigación y no podemos negarlo ni aseverarlo.

Pero hay algo más. Y ese sería el segundo motivo.
Porque parece que, además de la preocupación institucional, habría una razón bastante más personal detrás de semejante despliegue. Y ahí aparece una historia que nos llamó particularmente la atención. Una amistad. Una ayuda en el momento justo. Y un episodio bastante delicado ocurrido tiempo atrás. Pero vamos por partes.
Porque en esta historia, como en toda novela, los personajes aparecen antes de que uno entienda exactamente qué papel están jugando; y cuando uno empieza a juntar las piezas, algunas casualidades dejan de parecer tan casuales.
Porque parece que una de las personas denunciantes tendría una relación de amistad con la Gran Emperadora y, según la información que recibimos, en algún momento habría ayudado a su marido a salir de una situación particularmente delicada: un accidente de tránsito en el que murió una persona humilde, de bajos recursos, vulnerable.
Hasta ahí, una versión.
Y como no somos de tragarnos cualquier versión —aunque algunos parecen hacerlo con una facilidad extraordinaria—, estamos tratando de verificar qué ocurrió realmente.
Lo que nos dijeron es que aquella causa habría avanzado con una velocidad llamativa y que terminó cerrándose sin demasiado ruido. Demasiado rápido. Demasiado silenciosamente.
¿Fue así?. ¿Quién intervino?. ¿Qué se investigó?. ¿Qué se resolvió?. ¿Y por qué?
Todavía no lo sabemos. Pero lo estamos averiguando. Y lo vamos a averiguar.
Y acá aparece una palabra que, en estas circunstancias, adquiere un significado bastante particular: Nobleza obliga.
Porque si vamos a hablar de independencia, transparencia, garantías, instituciones y República, estaría bueno que esas palabras funcionen para todos. También para los amigos. Especialmente para los amigos.
El Colegio de Caranchos
Con el Colegio de Caranchos pasó algo bastante parecido. Más que de un “Colegio”, estamos hablando de un grupo de no más de cuatro o cinco personas que, sello de goma mediante, parecen tener la capacidad de hablar en nombre de un colegio entero. Y, como no podía ser de otra manera, también aprovecharon la oportunidad.

Como no los lee ni se los banca nadie, ellos mismos se ponen un “Me Gusta” en las propias publicaciones de Facebook que exhiben bajo el sello del Colegio. Los pocos que les escriben, parece que es para descargar su enojo contra las barbaridades que hacen.
Esta vez, desde la cúpula, aprovecharon para pegarle a un colega que, por lo que se ve, por envidia o por otras cuestiones, no goza precisamente de las simpatías de quienes manejan el sello.
¿Objetivo?
Bueno… ahí cada uno podrá sacar sus propias conclusiones.
Pero hay algunas cosas que llaman poderosamente la atención. La primera: se reunieron con una de las denunciantes. La segunda: no se reunieron con el colega al que después salieron a cuestionar. La tercera: no hubo, según tenemos entendido, ninguna asamblea ni reunión formal del Colegio para tomar semejante decisión. Y la cuarta —esta sí que es una hermosa casualidad— es que algunos de esos mismos integrantes -en realidad, los representantes de los dos estudios que hicieron el comunicado- habían sido propuestos y finalmente designados como conjueces del Superior Tribunal por una de las personas denunciantes.
¿Casualidad?. Puede ser. ¿Coincidencia? También. ¿Oportunidad? Sin ninguna duda. Y entonces uno empieza a mirar la película completa. Hoy por ti, mañana por mí, y así la espada de la justicia se queda sin remaches; en un remolino de cargos, sueldos, y amiguismo oportunista.
Lo que no tuvieron en cuenta fue la reacción de los demás colegiados.
Porque, aparentemente, mientras los tres o cuatro del sello de goma se apuraban a tomar posición, más de cien caranchos hicieron algo bastante más sencillo: Firmaron. Y lo hicieron inmediatamente. Y lo hicieron indignados.
Más de cien profesionales suscribieron una nota en la que manifestaron su absoluta disconformidad con lo dicho y hecho por quienes habían salido a hablar en nombre del Colegio, cuestionaron el accionar de la Fiscalía, y pidieron una reunión urgente para tratar el tema.
Más de cien. No dos. No tres. No “los de siempre” y los que están ahí para aprovechar oportunidades, hacerse amigo de los emperadores y empezar a ganar juicios que antes no ganaban. No. Más de cien.
¿Y qué hizo el Colegio de Caranchos?
Nada.
Bueno…
En realidad, hizo algo: se hizo el boludo. Hasta ahora, no hubo reunión. No hubo explicación. No hubo respuesta. No hubo nada. Siguen poniéndose sus “Me Gusta”, trayéndome a la mente -no sé por qué- la imagen de aquel perro que lame sus propios genitales.
Los más de cien caranchos pidieron hablar. El Colegio decidió no escuchar. Y entonces aparece otra pregunta incómoda:
¿A quién representa realmente el Colegio de Caranchos?
Porque si más de cien colegiados dicen una cosa y los cuatro o cinco (ó, mejor dicho, los dos) del sello de goma hacen otra, alguien debería explicar quién tiene la representación.
Aunque sea para que después no nos acusen a nosotros de hacer preguntas incómodas.
Lo cierto es que ya está corriendo una versión. Y cuando las versiones empiezan a correr entre más de cien caranchos, conviene prestarles un poquito de atención.
Parece que, si finalmente no se realiza la reunión que pidió la mayoría de los colegiados, podría convocarse a una asamblea extraordinaria para tratar el tema.
Y acá viene lo interesante.
Porque algunos de los que vienen siguiendo el conflicto -y los más enojados- ya sostienen que en esa eventual asamblea debería plantearse nada menos que la remoción del presidente del Colegio.
Chan nuevamente!!!!
Mirá vos.
La cosa que empezó con un comunicado terminó con más de cien firmas en contra, un pedido de reunión urgente y ahora, según la versión que circula, con algunos hablando de una asamblea extraordinaria y hasta de remover al presidente. Y todavía no se reunieron.
Esto se está poniendo lindo.
La vida da sorpresas, sorpresas da la vida.
Y sí que se está poniendo lindo!!!!!!!
Porque en esta lucha de buenos y malos, como siempre pasa en el Palacio de la Risa, las cosas se dieron vuelta.
Y aparecieron unos audios que estallaron como dinamita pura en toda la aldea y que empezaron a poner un poco de luz donde hasta ahora había bastante oscuridad.
En esos audios, según puede escucharse, el Primer Damo, agrandado y sobrador, se jacta de manejar la Fiscalía, de poder armar causas, de tener contacto directo con las investigaciones y —entre otras cosas— de ayudar a que la bola caiga de un lado o de otro.
Terrible.
Indignante.
Y, si lo que se escucha en esos audios es efectivamente lo que parece, bastante más grave de lo que cualquiera hubiera imaginado.

Y eso era algo que todo el mundo sabía en nuestra aldea y que también este pasquín venía investigando…
Y aparentemente —solo aparentemente, claro— también habría sido una de las razones que motivaron esta denuncia, tan pomposa como mal narrada; mal parida, dicho en criollo.
Porque cuando uno empieza a mirar qué había antes de la denuncia, qué se estaba investigando y qué apareció después, algunas coincidencias empiezan a llamar la atención.
¿Y ahora?
Ahora no hay mosquitas muertas. Ahora no sirve victimizarse. Ahora no sirve poner cara de ofendida.
Y mucho menos salir a gritar como una chica de quince años a la que no la dejan salir de noche.
Porque cuando aparecen los audios, cuando empiezan a conocerse determinadas conversaciones y cuando las versiones dejan de ser solamente versiones, la película cambia.
Y bastante.
Ahora habrá que explicar. Y explicar de verdad.
Porque una cosa es acusar. Otra muy distinta es que aparezcan elementos que obliguen a preguntar qué estaba pasando realmente detrás de escena.
Y ahí, señoras y señores, empieza la parte que algunos seguramente hubieran preferido que nunca apareciera.
Y acá viene lo curioso.
Porque después de tanta preocupación institucional, de tanta defensa de la República, de tanta independencia judicial, de tanta transparencia y de tanta alarma por el supuesto hostigamiento…
ni la Asociación de Emperadores, ni el Procurador General, ni el Colegio de Caranchos dijeron una sola palabra sobre los audios.
Nada.
Silencio.
Mutis por el foro.
Qué raro, ¿no?
Cuando había que salir a respaldar una denuncia sin sustento, aparecieron enseguida.
Cuando aparecen audios que ponen bajo la lupa precisamente aquello que dicen defender, desaparecieron.

Acá se terminó la institucionalidad. La verdad. La transparencia. La preocupación republicana.
Todo eso parece funcionar mientras la pelota está del lado “correcto”… del lado de la cofradía.
Cuando cambia de arco, aparentemente, se corta la luz.
Y ahí sí: silencio de radio.
Entonces, ¿saben qué? Prefiero ir a escuchar a León Gieco, aunque no me guste demasiado. Es un tanto hipócrita, pero menos hipócrita que la cofradía. Algo similar a las conductas que explicaba George Orwell en Animal farm.
Por lo menos ahí uno sabe que va a escuchar algo mejor y un rechazo rotundo a la pasividad ante el abuso y la injusticia.
Como dice aquella canción que todos conocemos:
“Solo le pido a Dios…”
Después que cada uno complete la frase como quiera.
Porque, a esta altura, lo único que queda pedir es que lo injusto no nos sea indiferente.
Y que, cuando la pelota cambie de arco, alguien tenga la dignidad de seguir hablando.
Aunque sea bajito. Aunque sea entre amigos. Aunque sea sin comunicados.
“Solo le pido a Dios
Que lo injusto no me sea indiferente
Que no me abofeteen la otra mejilla
Después que una garra me arañó esta suerte…”
Hasta la próxima (si todavía estamos).


































