La Justicia Federal de Río Grande, a través de una medida cautelar de la jueza Mariel Borruto, ordenó a las petroleras Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum detener de inmediato todas las obras del proyecto Sea Lion, ubicado al norte de las Islas Malvinas, hasta que se realice una evaluación de impacto ambiental ante las autoridades argentinas. La decisión responde a una presentación del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) y de la Asociación Civil de Abogados, Abogadas y Profesionales Ambientalistas (AAdeAA), y constituye un punto de inflexión en la disputa por los recursos hidrocarburíferos de la cuenca Malvinas Norte.
La resolución, dictada este miércoles, prohíbe a las compañías iniciar, continuar, ejecutar o hacer ejecutar cualquier acto material de ejecución del emprendimiento, que en el expediente judicial figura como «León Marino». La prohibición abarca un amplio espectro de actividades: desde la perforación del lecho o subsuelo marino, la instalación permanente de infraestructura submarina y el tendido de conductos, líneas de flujo y sistemas de control, hasta la puesta en funcionamiento de unidades flotantes de producción, almacenamiento y descarga (FPSO), el inicio de la extracción comercial y la ejecución de obras terrestres o portuarias de apoyo.
Un proyecto de miles de millones de dólares en el Atlántico Sur
Sea Lion es un proyecto de extracción de petróleo offshore ubicado a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, en la cuenca Malvinas Norte. La iniciativa es operada por un consorcio internacional: la israelí Navitas Petroleum posee el 65% de participación, mientras que la británica Rockhopper Exploration controla el 35% restante.
El proyecto aprobó su Decisión Final de Inversión en diciembre de 2025 y contempla una inversión estimada en 1.800 millones de dólares para su primera fase, con un esquema de financiamiento que incluye cerca de 1.000 millones de dólares de deuda senior. Las compañías proyectaban comenzar la extracción comercial de crudo en el primer trimestre de 2028. El desarrollo previsto comprende 23 pozos: 16 productores de petróleo, seis de inyección de agua y uno remoto de inyección de gas, junto con infraestructura submarina, equipos de control, líneas de flujo y embarcaciones auxiliares.
El fallo: «el riesgo no es hipotético ni remoto»
Al analizar el peligro en la demora, la jueza Borruto sostuvo que el riesgo ambiental «no es hipotético ni remoto». Según la resolución, la documentación incorporada al expediente demuestra que Sea Lion superó la etapa de proyecto y entró en ejecución: la Decisión Final de Inversión de diciembre de 2025, el anuncio de una ampliación hacia un pozo adyacente y las contrataciones de una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga, además del equipo de perforación y sus servicios asociados, dan cuenta de un avance concreto. El fallo señala que las obras de adaptación de esa infraestructura ya habían comenzado.
» Aguardar a la culminación de tales intervenciones para determinar si debieron ser sometidas previamente a evaluación ambiental podría tornar ineficaz la tutela judicial solicitada», indicó Borruto. La magistrada también advirtió que el trámite ordinario del expediente podría consolidar situaciones que dificulten una eventual sentencia favorable.
La jueza aclaró que la cautelar no da por probado que el proyecto vaya a ocasionar un daño ambiental. «No se afirma que el daño ambiental invocado se producirá, ni ello podría afirmarse en este estado del proceso», precisó. Lo que sí tuvo por acreditado, de manera preliminar, es la falta de un procedimiento ante autoridades argentinas para determinar los posibles impactos y las medidas de prevención o mitigación.
La dimensión ambiental y los riesgos identificados
El fallo cita un informe de la Dirección de Evaluación de Impacto Ambiental de la Subsecretaría de Ambiente, fechado el 24 de febrero de 2026, según el cual no se había presentado «ningún aviso de proyecto» ni se había iniciado una evaluación de impacto ambiental con las demandadas. Sobre esa base, la jueza aplicó los principios preventivo y precautorio de la legislación ambiental argentina.
Entre los riesgos planteados en la demanda aparecen la alteración del lecho marino, la contaminación química, el ruido submarino, las descargas operativas, el tránsito marítimo, la interacción con mamíferos y aves, las emisiones y los derrames. El fallo remarcó que esos elementos no prueban que cada impacto denunciado vaya a producirse, aunque resultan suficientes para una medida cautelar sobre una actividad que podría generar modificaciones ambientales relevantes.
Soberanía: un bien colectivo indivisible
La cuestión ambiental se vincula además con el reclamo de soberanía. Al reconocer de manera provisoria la legitimación del CECIM, la jueza señaló que la pretensión no se limita a una discusión técnico-ambiental. Según el fallo, subyace «la defensa de la soberanía nacional», a la que definió como un bien colectivo indivisible y un interés federal.
La medida también intimó a las compañías a presentar, en el plazo de diez días judiciales desde la notificación, una declaración jurada con documentos que permitan establecer el estado actual de Sea Lion. Deberán detallar el cronograma de construcción, perforación, instalación y comienzo de la explotación; la cantidad, ubicación y situación de los pozos; las unidades flotantes y los equipos de perforación contratados; y los principales contratistas y subcontratistas involucrados. También se les exige información sobre la estructura societaria utilizada para el proyecto, las entidades financieras y fondos que lo financiaron, los desembolsos efectuados o pendientes, las aseguradoras y reaseguradoras, y los estudios ambientales, análisis de riesgo, modelizaciones de derrames y planes de contingencia.
La causa penal en Comodoro Py
En paralelo a la causa civil y ambiental de Río Grande, el Juzgado Federal N° 11 de Comodoro Py, a cargo del juez Julián Ercolini, impulsó una investigación penal contra Desire Petroleum Limited. El expediente, promovido a partir de un requerimiento del fiscal federal Carlos Stornelli, incluye medidas para reunir información sobre esa firma y sobre el grupo Rockhopper. Esa causa había sido impulsada tras una denuncia que presentó la Cancillería, a cargo de Pablo Quirno, con la asistencia de la Procuración del Tesoro, que conduce Sebastián Amerio.
El objeto de la investigación es establecer si existieron actividades hidrocarburíferas en áreas cercanas a Malvinas sin la autorización de la Argentina. El juzgado pidió a la Secretaría de Energía antecedentes sobre la empresa, su composición accionaria, sus autoridades actuales y anteriores y los actos vinculados con las actividades denunciadas. También solicitó documentación a la Cancillería, la Jefatura de Gabinete, el Ministerio de Seguridad, la Procuración del Tesoro y la Procuración General. Una de las medidas es un exhorto al Reino Unido para obtener la información societaria completa de Desire Petroleum, su integración directiva y representación legal desde 2012, junto con antecedentes sobre posibles licencias hidrocarburíferas. La resolución dispuso que «igual información» se solicite respecto del denominado grupo Rockhopper.
Un fallo con implicancias geopolíticas
La decisión judicial se produce en un contexto de creciente tensión diplomática. El gobierno británico había publicado, apenas un día antes, un documento titulado «Doing business with the Falkland Islands», en el que sostiene que «el derecho argentino no se aplica en las islas» y que Argentina no tiene jurisdicción para aplicar su legislación interna en el archipiélago.
El presidente Javier Milei, por su parte, había anunciado días antes una serie de medidas para proteger los recursos naturales argentinos en el Atlántico Sur, incluyendo el envío al Congreso de un paquete de proyectos de ley para modificar la Ley 26.659 de Hidrocarburos, con el objetivo de endurecer las sanciones contra las empresas que operen en la zona sin autorización argentina. El mandatario también confirmó la creación de un Consejo de Seguridad Nacional y la reactivación de la construcción de una base militar en Tierra del Fuego.
Navitas Petroleum, por su parte, emitió un comunicado en el que sostuvo que opera mediante licencias «válidas, otorgadas legalmente por el Gobierno de las Islas Malvinas» y que no prevé que las acciones emprendidas en Argentina «tengan un efecto significativo en las actividades de desarrollo» de Sea Lion.
Próximos pasos
Ninguna de las decisiones resuelve el fondo de los expedientes. En Río Grande, la cautelar quedó sujeta al avance de la evaluación ambiental y a la información que presenten las empresas. Una vez recibidos los informes y la respuesta de las compañías, el juzgado deberá resolver si mantiene, modifica, amplía o deja sin efecto la medida cautelar. La jueza Borruto no admitió todavía el pedido de prohibir, de forma general, nuevos contratos de financiación, desembolsos, pagos, transferencias, aportes de capital, préstamos entre sociedades vinculadas y constitución de garantías, al considerar que una restricción de esa amplitud podía involucrar operaciones y terceros que aún no estaban suficientemente individualizados. También postergó las comunicaciones generales a reguladores y mercados de valores extranjeros, aunque dejó abierta la posibilidad de disponer medidas puntuales más adelante.
En Comodoro Py, la causa penal entra ahora en una etapa de producción de pruebas sobre Desire Petroleum y el grupo Rockhopper. Ambas causas, por vías diferentes, marcan un nuevo capítulo en la disputa por los recursos hidrocarburíferos que yacen bajo las aguas del Atlántico Sur, un territorio cuya soberanía Argentina reclama desde hace más de un siglo.





























