El caótico manejo de las titularizaciones docentes, un aumento salarial insignificante del 1,2% en el básico, problemas edilicios postergados, grupos de docentes politizados, un sindicato inexistente, han sumido a la educación en Chubut en una crisis institucional profunda. Lo que ocurrió en las últimas semanas no es un simple conflicto gremial; es el colapso de un sistema anticuado y obsoleto que parece diseñado para generar incertidumbre y desorden y que no parece tener solución. Nadie piensa en la educación.
Una titularización para el olvido
El ministerio de educación implementó una titularización “caótica”, muy mal implementada, donde la improvización dejó al descubierto la falta de previsión básica de lo que esto conllevaría, como así también, las miserias humanas de algunos docentes desesperados por manotear cargos u horas que pertenecían a otros. Escuelas enteras redefinieron sus horarios sin justificación pedagógica alguna, mientras cientos de maestros quedaron en un limbo administrativo y los pibes sin clases y sin horarios definidos.
A esto hay que sumarle que los listados docentes para la titularización fueron hechos por una muy deficiente junta de clasificación docente, también arcaica e improductiva; con listados en donde se prioriza a docentes que hicieron cursos inservibles con el solo afán de incermentar artificialmente su puntaje, que no se traduce a la más mínima eficiencia educativa.
El resultado fue la suspensión de clases en varios puntos de la provincia y una reorganización que perjudica directamente a los alumnos, verdaderos rehenes de esta disputa. Nadie, absolutamente nadie, pensó en los alumnos. A nadie le importa; ni al ministerio, ni a los docentes, ni al sindicato; a nadie.
Y el esquema siempre es el mismo: ignorancia suprema de las normas por parte de todos los involucrados, tanto docentes como desde el ministerio. Cargos inventados o reformados a último momento para acomodar a alguien a través de crear ventajas y condiciones para que alguien en particular se adueñe de algún cargo; recursos administrativos que jamás son respondidos; derechos pisoteados; el caos al peor estilo «far west» institucionalizado.
La titularización no sirvió para absolutamente nada. Sin embargo, la ignorancia de algunos docentes entusiasmados por el evento, se evidenció en sus discursos defensivos: creían que siendo interinos no tenían estabilidad; una concepción falsa carente de norma que así lo indique. Sin embargo, en el ámbito docente, los mitos normativos son muchísimo más fuertes que las normas reales. En medio de la ignorancia también surgió lo peor del ser humano: la desesperación miserable por robarle a otro el puesto de trabajo.
Un caso que sirve como ejemplo de ignorancia docente, que involucra tanto a docentes como a autoridades de distintos niveles, es un reciente llamado a cobertura de horas cátedra en una escuela de Tecka, que ya están cubiertas, pero llaman a cobertura igual. Es algo tan insólito como ilegal, pero efectivamente esas cosas suceden. Para desplazar a quienes están a cargo, utilizan una figura de «provisorio», que no existe en ninguna norma. Tanto la ley VIII-20 como la VIII-25 definen las situaciones de revista como Titular, Interino o Suplente. La figura de provisorio existió por cuatro años en un contexto de cambio de leyes, desde el decreto 146/08 hasta el año 2012 donde caducó por objeto cumplido. Sin embargo, la siguen invocando… una imbecilidad de la más extrema ignorancia. Tampoco pueden dar de baja a los docentes en medio de un ciclo lectivo, pero lo hacen. Viva la pepa. Así educan.
El aumento salarial: otro gran conflicto.
Si lo de la titularización fue grave, la respuesta salarial terminó de encender la mecha. Mediante un decreto que el ministro José Luis Punta intentó maquillar, anunciaron un 1,2% de aumento al básico. Un número tan miserable que fue recibido como una burla en cada escuela. Incluyeron un 5% por zona patagónica y un supuesto 2,9% promedio, pero los docentes saben leer números: el impacto real en el bolsillo es casi nulo. Mientras tanto, el gobierno no dice una palabra sobre qué hará con los miles de millones de pesos que ingresarán por el acuerdo de deuda previsional con Nación, dinero que podría aliviar la situación de los jubilados docentes, también postergados en este aumento.
Hubiese sido mucho más noble el sinceramiento sobre la dura situación de las arcas provinciales, que anunciar migajas como si fuesen un logro. Si bien la baja inflación actual no amerita grandes aumentos, la situación en Chubut lleva acumulada años de pérdida del poder adquisitivo de los docentes.
Pero no toda la responsabilidad recae en el gobierno provincial. El sindicato docente, en lugar de representar a sus afiliados, parece haberse extraviado en sus propias internas. Ignora el malestar de base y negocia en las sombras mientras las aulas se vacían. Y en ese vacío de poder institucional, sectores de izquierda aprovechan el caos administrativo para profundizar la grieta institucional, utilizando el desorden como trinchera política en lugar de buscar soluciones concretas.
El gobierno de Chubut tiene que entender que un aumento del 1,2% no es una propuesta, es una provocación. Las titularizaciones no pueden ser un símbolo de caos administrativo, y la deuda con los jubilados docentes no puede seguir en el silencio oficial. Si no hay un giro radical en las próximas horas, el conflicto crecerá y los únicos perdedores seguirán siendo los miles de estudiantes chubutenses que siguen sin clases normales.
























